El momento más raro de cualquier boda siempre cae en el mismo sitio: después de los postres, antes de que empiece la música de verdad. La gente está llena, un poco sentada, con ganas de moverse pero sin saber hacia dónde.
Ahí es donde meto los juegos.
No son gymkanas ni nada que obligue a nadie a hacer el ridículo. Son cuatro dinámicas cortas, de cinco o diez minutos, que se graban solas porque la gente ya está participando. Y el resultado es el vídeo que luego más veces vais a enseñar.
Te los cuento uno a uno. En cada página tienes las preguntas concretas que uso, cuánto dura y en qué momento encaja.
Los cuatro juegos
- Trivial Nupcial — ¿quién conoce de verdad a los novios?
- Elige Bando — todos en fila, izquierda o derecha, sin pensarlo
- El Impostor — alguien está mintiendo y hay que pillarlo
- Retos Festivos — tarjetas con retos pequeños, en plena fiesta
¿Hace falta parar la boda para esto?
No. Los juegos se meten en los huecos que ya existen: el cóctel, el rato entre el postre y el baile, los momentos muertos de la fiesta. Nadie tiene que sentarse a escuchar instrucciones ni salir al centro solo.
Y si alguien no quiere participar, no participa. Funcionan porque la gente se apunta sola cuando ve que los demás se están riendo.
¿Quién los conduce?
Yo. Y esa es la diferencia con montarlo por vuestra cuenta: el juego y el vídeo salen de la misma persona, así que no hay que coordinar a nadie y nada se queda sin grabar.
Un invitado que anima deja de estar en la boda. Y vosotros ese día tenéis que hacer exactamente una cosa: que os dé tiempo a comer.
¿Vienen incluidos en el pack?
En el pack completo van los cuatro. En el intermedio eliges uno. Y si quieres añadir alguno más al tuyo, se contratan por separado.
